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En una nota publicada por diario La Prensa hace algunos días, Mario Gallardo, Marco Antonio Madrid y yo fuimos consultados por Juan Carlos Rivera, con motivo de la celebración del Día Mundial de la Poesía, sobre el estado de la poesía hondureña actual. Los tres coincidimos en considerar a Leonel Alvarado y José Antonio Funes como los “herederos inmediatos” de lo que nos dejaron poetas como Roberto Sosa y Óscar Acosta, las cabezas más visibles de una gran generación de poetas hondureños integrada también por  Rigoberto Paredes, José Luis Quesada, José González, Efraín López Nieto, Galel Cárdenas, José Adán Castelar, Pompeyo del Valle o Nelson Merren, y precedidos por otros grandes como Antonio José Rivas y Edilberto Cardona Bulnes.

Además de Alvarado y de Funes, yo apuntaría también a Marco Antonio Madrid en la pequeña lista de esos nuevos poetas, verdaderos artistas de la palabra, que demuestran que la poesía no es cualquier cosa sino, precisamente, el más difícil de los géneros literarios.

En la nota de La Prensa no aparece el nombre de José González (Las órdenes superiores (1985), La poesía me habla (2001), Memoria de Atahualpa (2013), entre otros libros de calidad incuestionable) y sí aparece, en cambio, algún nombre que todavía no tiene los méritos necesarios para estar entre los grandes. Hay otro dato que debe ser enmendado: Mario Gallardo figura como cuentista en la antología de cuento Puertos abiertos, de Sergio Ramírez, y no en Puertas abiertas, que es una antología de poesía. Pero son cosas que suceden con demasiada frecuencia en la premura del periodismo, así que habrá que disculpar al periodista.

El espacio destinado a la nota, nos advirtió Juan Carlos Rivera, no era mucho, así que debíamos tratar de emplearlo de la mejor manera: hablando de los poetas que valen la pena. Porque los poetas abundan en esta aldeíta nuestra; yo, incluso, he publicado tres libritos en ese género y hasta un par de premios he ganado, pero uno no debe andar por ahí pregonando que es poeta, sobre todo cuando tenemos en nuestra historia literaria nacional muy buenos referentes, y cuando vemos que, aunque seamos contemporáneos de poetas como Leonel Alvarado, José Antonio Funes y Marco Antonio Madrid, nos falta mucho para estar a su nivel.

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