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Darío Cálix me entrevistó recientemente para Tiempo Digital con motivo del Premio “Roberto Castillo”. Aquí el enlace a la entrevista en el sitio y a continuación su contenido:

Giovanni Rodríguez, escritor hondureño, ganó recientemente por decisión unánime el Premio Centroamericano y del Caribe de Novela “Roberto Castillo” con su novela Los días y los muertos. Tiempo Digital lo entrevistó a propósito de este triunfo y aprovechando la ocasión se le preguntó acerca de diversos temas, como sus influencias y el origen de la obra con la que se ganó el premio. Además, acerca de ciertos rumores en torno a su premiación y de la ya clásica rencilla que existe entre los escritores de la costa norte y los de Tegucigalpa.

Me parece más que oportuno preguntarte por la obra de Roberto Castillo, específicamente acerca de su trabajo como novelista. ¿Qué lugar tiene La guerra mortal de los sentidos, esa alabada novela, dentro de la narrativa hondureña?

Creo que La guerra mortal de los sentidos es la novela más hondureña y la mejor obra de ficción que se ha escrito en Honduras.

Si tuviste la oportunidad de conocer a Castillo, ¿podrías contar alguna anécdota al respecto?

Giovanni Rodríguez: Lo conocí en el Museo de Antropología e Historia de San Pedro Sula un año antes de publicar La guerra mortal de los sentidos, precisamente para hablar de las circunstancias en torno a la escritura de esa novela. Me impresionaron su voz enfática y la pasión que mostraba al hablar sobre literatura. En ningún momento percibí en él la pedantería que uno encuentra a veces en ciertos personajes de nuestro mundillo literario. Unos siete años más tarde, cuando yo vivía en España, recibí un correo electrónico suyo agradeciéndome que yo hubiese escrito una reseña sobre La guerra mortal de los sentidos que había aparecido en un diario nacional y en internet. Me envió una postal y su último libro de ensayos y a partir de ese momento nos escribimos constantemente, pero eso no duró mucho puesto que cayó enfermo y falleció al poco tiempo.

Mencioná un escritor nacional que haya sido una influencia importante. 

Yo empecé leyendo a los clásicos universales y a los autores del “Boom latinoamericano” y luego me entusiasmé con los autores norteamericanos de la llamada “Generación Perdida”, y a la literatura hondureña no llegué sino hasta mucho tiempo después. Paradójicamente, hace 15 o 20 años en Honduras era más fácil encontrar libros de autores extranjeros que de hondureños. Sí es posible que alguna influencia hayan ejercido sobre mí las lecturas tempranas de la poesía de Roberto Sosa y de Edilberto Cardona Bulnes, y en la narrativa Roberto Castillo, los cuentos de Óscar Acosta y los de Eduardo Bähr.

Se ha revelado que esta novela en particular tiene mucho que ver con tu experiencia como periodista, más específicamente en la sección de sucesos policiales. ¿Hubo algún acontecimiento o escena en particular mientras te desempeñaste ahí que haya encendido la chispa creativa para hacer este libro?

Sí, es posible que buena parte de mis intenciones al escribir esta novela tenga su origen en la imagen de un niño elevando un papelote muy cerca del lugar en donde se produjo una masacre, que conservo de mis días como reportero de noticias policiales. El resto se debe a la impresión que tengo acerca de que aquí en Honduras nos estamos acostumbrando peligrosamente a la violencia y a la muerte.

Casi inmediatamente después de saberse el dictamen, saltaron algunos escritores y personajes de la cultura hondureña. Se ha dicho directamente que hubo corrupción en el fallo, entre otras cosas. ¿Qué opinión te merecen estos comentarios?

“ESCRITORES CON TALENTO HAY EN TODAS PARTES, PERO TAMBIÉN EN TODAS PARTES HAY TONTOS CON ÍNFULAS”

En realidad nadie ha dicho nada “directamente”. Hasta donde sé, un anónimo, citando constantemente a un pobre diablo atribulado y resentido (bien podríamos llamarle a eso autoficción), expresó su frustración por no haber sido favorecido él con el premio. Ese tipo de actuaciones sólo producen lástima y no se curan con ansiolíticos.

Ya has ganado varios concursos literarios, pero hasta donde yo sé, ninguno que otorgara una suma económica tan considerable. ¿Podrías darle una idea al lector común de la importancia que puede tener para un artista hondureño ser premiado de esta forma?

El premio es importante por el alcance que tiene (Centroamérica y el Caribe), por la cobertura que le han dado los medios de comunicación, lo que permitirá que el libro se conozca tanto como, por ejemplo, un disco de reguetón, y porque se trata de un premio de novela, un género que se cultiva poco en Honduras, pues requiere talento, disciplina y paciencia, virtudes que pocas veces se encuentran juntas en un escritor hondureño. Lo del monto de dinero ya es otra cosa, eso representa en este país un respiro para cualquiera, independientemente de que sea artista o no.

ES RESPONSABILIDAD DE LOS ESCRITORES CREAR ESOS ESPACIOS, ESE PÚBLICO, Y LLEGAR A LA GENTE Y ENTUSIASMARLA DE ALGUNA MANERA

Mucho se habla y escribe acerca de la calidad literaria entre la costa norte hondureña y Tegucigalpa, como si se tratara de una disputa entre dos pandillas enemigas. Viendo más allá del ombligo y a propósito de que el concurso que ganaste era a nivel Centroamericano y del Caribe, ¿cómo ves la novela contemporánea hondureña respecto a la del mundo en general?

Lo de las diferencias entre lo que se escribe en Tegucigalpa y lo que se escribe en San Pedro Sula es una tontería; al final, lo único que importa es que quienes se hacen llamar escritores escriban bien. Escritores con talento hay en todas partes, pero también en todas partes hay tontos con ínfulas. En cuanto al género de la novela en Honduras, creo que en eso nos hace falta mucho aprendizaje y mucho recorrido. Aquí se publican muy pocas novelas y casi todas demuestran una gran ingenuidad por parte de sus autores, sobre todo en su construcción, con evidentes problemas desde la redacción, o son meros ejercicios autobiográficos, lo que no es malo, siempre que no se lo tome como único recurso. En resumen, es difícil hablar de “la novela contemporánea en Honduras”, porque eso casi no existe. Podemos citar a Julio Escoto, a Roberto Quesada, a Marta Susana Prieto y a León Leiva Gallardo, y con esos cuatro nombres quizá estemos hablando de los últimos novelistas hondureños contemporáneos con una obra consistente.

Viviste en España durante algún tiempo. Como amante de la literatura, ¿tuviste alguna experiencia en particular por allá que te haya marcado?

En Figueres, la ciudad donde vivía, había una biblioteca inmensa, de cuatro pisos. Cuando entré ahí por primera vez y me puse a recorrer los pasillos y a revisar las estanterías, encontré todos aquellos libros que siempre quise leer en Honduras pero que aquí nunca había podido encontrar. Así que a eso y al tener cerca de mi casa una librería en donde también podía encontrar todos los libros que deseaba yo lo llamo una experiencia literaria memorable.

Vos siempre has mostrado un gran entusiasmo y has organizado proyectos para promover e incluso proyectar la literatura hondureña, a menudo impulsando a jóvenes novatos en el camino ya sea mediante grupos literarios, blogs, revistas, etc. ¿De dónde nace este afán?

Quizá de la intención de hacer un mundo más “habitable y amable” para quienes nos dedicamos con seriedad y con pasión a la literatura y de cierta conciencia de la responsabilidad social que tenemos los escritores. Muchas veces nos quejamos de que en este país la gente no lee o no compra nuestros libros, de que los medios de comunicación no ofrecen espacios permanentes para la difusión de la cultura; entonces es nuestra responsabilidad crear esos espacios, ese público, y llegar a la gente y entusiasmarla de alguna manera.

Mucho se habló con la aparición de los E-Books y tablets acerca del futuro formato de los libros, si acaso se perdería o no en algún punto la tradición de coleccionar y leer los libros en físico… Según mi percepción, si acaso hay alguna “víctima” en el futuro cercano, serían las revistas y los diarios. ¿Vos, que has trabajado tanto el formato tradicional como el digital, cómo visualizas el futuro no tan lejano de estos medios?

La primera vez que me puse a crear una revista literaria, lo hice en físico, porque pensaba que así tendría mayor alcance, pero eso sucedió hace seis años, cuando la tecnología no ofrecía todas esas posibilidades que ofrece ahora. En ese sentido, en el de la difusión de la información, sí creo definitivamente que el futuro está en las pantallas, pero en cuanto a los libros, me mantengo en la idea de que los dispositivos móviles nunca sustituirán del todo al libro en físico. Hay personas que dicen tener una biblioteca de diez mil libros contenida en un aparato electrónico; esas personas probablemente no conciban la importancia que tiene el objeto libro, el que se puede tocar, abrir y oler, el que se puede colocar en un librero junto a otros libros. Mi hijo tiene 5 años y sabe que esta habitación al fondo de la casa es la biblioteca y cuando se pone conmigo a revisar o a reordenar o a leer los libros está accediendo a una parte de su formación a la que no accederán los niños que nunca hayan visto un libro en sus hogares.

Darío Cálix: ¿Nos podrías explicar un poco en qué consiste el nuevo sitio Literatura Portátil (https://literaturaportatilhn.wordpress.com)?

Literatura Portátil ha empezado como un blog y pronto habrá de convertirse en una página web. Ahí publico ensayos, reseñas, crónicas o cuentos principalmente de autores nacionales, y entrevistas a autores nacionales y extranjeros. La idea es ofrecer lo que los medios escritos hondureños no ofrecen: un espacio para la difusión de la cultura, principalmente en el campo de la literatura, de manera que los lectores sepan que una vez al mes encontrarán ahí textos informativos, de crítica o de creación literaria.

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