Al fin se presentó mi novela Los días y los muertos. Al evento, realizado en un amplio y bonito salón de la UNAH en Tegucigalpa, llegaron unas 80 personas. Luis, un amigo al que conocí ese día, comentó que le parecía escaso público, pero yo creo que fue al contrario, pues recuerdo haber asistido a eventos similares (y exitosos) con una asistencia de 10 o 12 personas. Además, recordemos, esto es Honduras.

Pero volvamos al asunto: Evaristo López, como director de la Editorial Universitaria, dio las palabras de bienvenida y Hernán Antonio Bermúdez, como invitado especial, leyó un texto sobre mi novela que, entre otras cosas -lo expresé en ese momento y lo repito ahora, tras releerlo- me puso nervioso, pues dice cosas halagadoras sobre mi novela, pero además, le otorga (o al menos eso interpreto) una importancia en el panorama de la literatura hondureña similar a la que tienen las novelas de Roberto Castillo, Marcos Carías, Horacio Castellanos Moya y Julio Escoto, y los cuentos de Eduardo Bähr. Dentro de unos días se publicará ese texto y ahí lo veremos.

Sigamos. Los comentarios al final de la presentación del libro estuvieron muy buenos y pertinentes, con excepción de uno, que sí estuvo buenísimo pero nada pertinente, aunque viniera de una persona al parecer encargada del funcionamiento de la biblioteca en la UNAH (corríjanme si estoy revolviendo cosas, además de levantando polvo innecesario), pues aludía a la aparente ausencia de un mensaje positivo en mi novela, “ya que en este país no necesitamos hacer eco de lo negativo, porque este país es hermoso y el único riesgo que corremos es el de enamorarnos de sus cosas bellas, y en ese sentido creo que la literatura debería transmitir mensajes positivos, edificantes, amén”, barbaridades así, propias del Tercer Mundo. Punto y aparte. Juzguen ustedes. Por lo demás, la cobertura mediática otra vez ha sido bastante buena; entrevistas en televisión (“¿de qué trata la novela?”, “de esto y de lo otro”; “¿cuánto tiempo le llevó escribirla?”, “unos cuantos ratos distribuidos en casi diez años”, etc.,) y en la prensa escrita, como ésta de La Prensa y esta otra de La Tribuna en la que revuelven un poco los datos. La que me hizo Samaí Torres, de El Heraldo, y que aparecerá por estos días, estará, sin duda, mucho mejor. Minutos de fama invaluables cuya acumulación me ha granjeado el mote de “El Pop Rodríguez”.

Pues bien, ya el libro está en las librerías de San Pedro Sula (las que pagan en tiempo y forma: Metronova, de Mall Galerías, y Caminante, del Bo. Guamilito), pero también en la Librería Universitaria y en las oficinas de la Editorial Universitaria de la UNAH en Tegucigalpa, y según me informaron, a partir de hoy lunes en otras librerías de la capital, como Guaymuras, Paradiso y la Soto.

El próximo sábado presentaré la novela y hablaré también de mis otros libros publicados en la Universidad Jesús de Nazareth, pero ya está en marcha la maquinaria para organizar la presentación oficial para San Pedro Sula en la UNAH-VS a finales de marzo. Tengo entendido también que se organizará otra en el CURLA de La Ceiba ahí por abril o mayo.

Ese es el recuento de los últimos días. Sobre el asunto de los muertos, ya está el periodismo nacional, pero también las páginas de mi novela. Que la disfruten.

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