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El nuevo artículo de mi columna “Lo demás es ficción” de Literofilia se publicó ayer. El malquerido crítico literario Bruno Pedroza ha vuelto a aparecer, con nuevos dardos sobre la literatura hondureña:

Quedo de verme con el crítico literario Bruno Pedroza en un café de Los Andes donde sabemos que no llegan los que llegan a los cafés del Centro. Pedroza, todo el mundo lo sabe, se dedica a la docencia en una universidad privada de San Pedro Sula, y para no calentarse la cabeza, dice, como si se refiriera a la goma después de la borrachera, se mantiene retirado de la crítica literaria. Durante el café, que toma negro y sin azúcar, se pone, sin embargo, a hablar de lo de siempre: del estado de la literatura hondureña.

Varias veces me he topado en internet, en algún periódico, en alguna revistilla impresa o en algún blog, me dice casi con estas mismas palabras, con textos que, por puro defecto profesional, quisiera yo imprimir para corregírselos a sus autores, como hago con los textos de mis estudiantes, a quienes suelo devolvérselos, amablemente, con más rojo que negro, entendiendo ambas partes que con eso el profesor contribuye a la formación del estudiante, pero entonces recuerdo dos cosas: la ocasión en que lo hice con el texto de un seudopoeta olanchitense publicado en un diario, que además de mal escrito estaba plagiado, me gané una oportunísima amenaza de muerte, y luego, qué gano yo con ridiculizar públicamente a esos ingenuos autores.

Para leer el texto completo, visiten Literofilia en este enlace: “Pedroza y los autores ingenuos de la aldea”.

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