notenojesA esto que me ocurre desde hace ya bastantes días me da por llamarlo “vacaciones forzadas”, algo que, por supuesto, al final de cuentas, no me disgusta del todo. La situación actual de la UNAH: edificios tomados, actividades paralizadas, incertidumbre respecto al desarrollo del II Periodo Académico, deriva, en mi caso, en una vida eminentemente hecha en casa.

Coincido con las vacaciones de mi mujer y de mi hijo, por lo que entre las series que vemos (Juego de Tronos, Power y Chance, las de estos meses), las películas pirateadas que compramos los viernes en una gasolinera, las partidas de Notenojes, las esporádicas salidas de nuestra colonia, las tardes en el campo para correr o jugar futbolito y los títulos que gana el Real Madrid cada vez que juega últimamente, me he puesto a leer algunos libros pendientes (por las tardes y las noches), pero sobre todo, a escribir una nueva novela que había empezado hacía más de un año y que por las circunstancias normales (trabajo, familia, las obligaciones más urgentes), no había podido terminar. Así que este periodo de “vacaciones forzadas” me ha servido para terminar de escribir mi cuarta novela, después de Ficción hereje para lectores castos (2009 y 2015), Los días y los muertos (2016) y Tercera persona (que publicará este año Uruk Editores de Costa Rica).

Me he habituado a levantarme temprano cada mañana, primero a preparar el café y luego a escribir, por lo que no me ha costado retomar el ritmo que traía la novela desde que empecé a escribirla y he podido llevarla hasta el final según como me lo había propuesto desde el principio. Una agradable rutina que, por suerte, respetan mi mujer y mi hijo y que sólo se ve alterada por las audiciones de reguetón a que me someten los vecinos de al lado de vez en cuando. Estas son las circunstancias en las que me toca escribir, me digo, tratando de no perder la paciencia y entendiendo que estas circunstancias mías son más favorables que las de otros. Así que estoy aprendiendo a convivir con ellas.

Imprimí el texto de la novela para la revisión respectiva y durante tres días me la pasé en eso, tachando, agregando, suprimiendo, mejorando el texto, y mientras tanto, incorporando ideas para hacer la trama más efectiva. Los detalles sobre esa novela he de reservármelos por ahora por la sencilla razón de que mientras no la publique cualquier cosa en ella podría cambiar, pero puedo permitirme adelantar que han vuelto dos personajes de mis anteriores novelas. ¿Cuándo la publicaré? Eso, aquí en Honduras, nunca se sabe. Por el momento no es algo en lo que quiera pensar, pues antes debo concentrarme en la edición de Tercera persona en Costa Rica y en lo que se viene con esa novela, sobre lo que también me reservo los detalles por ahora.

En fin; las vacaciones forzadas continúan, yo he terminado de escribir una nueva novela y me preparo para el viaje a México la próxima semana, para presentar Los días y los muertos en la FILUNI de la UNAM, pero entre una cosa y otra recojo información sobre un tema para un proyecto narrativo mucho más ambicioso que cualquier otro que haya emprendido hasta ahora. Creo que ha llegado el momento de escribir sobre eso que siempre ha estado ahí, en nuestra historia, en nuestra consciencia colectiva como hondureños, y que nadie ha observado con suficiente atención para intentar explicar quiénes y cómo somos.

Anuncios