Conocí a Mercedes Estramil, novelista uruguaya, en la FIL Guadalajara a finales del año pasado. Estuvimos juntos en un conversatorio del programa Latinoamérica Viva y coincidimos varias veces a la hora del desayuno o del almuerzo en el hotel o en el autobús que nos llevaba a la Feria. Hablamos sobre nuestros respectivos países y ella, que además de novelista es periodista y colabora con la sección cultural del diario El País de Uruguay, se interesó por la situación que se vivía en Honduras durante los días posteriores a las elecciones generales. Así, después de leer mi novela Los días y los muertos, me hizo una amplia entrevista de la que dejaré aquí un fragmento, para que mejor pasen a leerla completa en el enlace que dejaré más abajo:


Giovanni Rodriguez, nacido en 1980 en San Luis, en las tierras altas del occidente de Honduras, vive desde hace años en la húmeda y caliente San Pedro Sula, lugar del que reniega y al que no termina de acostumbrarse. Estudiante tímido y provinciano, se ha vuelto con el tiempo un individuo escéptico y sarcástico, “más cabrón” según dice. Ha visto y escrito la parte de abajo de la realidad de su país, más pequeño en extensión que Uruguay pero con más de ocho millones de habitantes, sumido en la violencia, el narcotráfico y la corrupción. En el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, Rodríguez concedió a EL PAÍS CULTURAL la entrevista que sigue. La excusa fue Los días y los muertos, fluido ejercicio de novela negra en el que un periodista de policiales llamado López -alter ego parcial- se mete a resolver un asesinato pasional y descubre o confirma que las raíces del crimen están por todas partes.

EPC: Fuiste cronista de policiales: ¿Cómo fue esa experiencia en el día a día y cuánto influyó en tu presente de escritor?¿Cuánto hay de Giovanni Rodríguez en el periodista López?
GR: Bueno, quizá las imágenes violentas que capté en aquellos días sean lo único mío que decidí prestarle a López. Como cronista policial me tocó enfrentarme a un mundo que hasta ese momento sólo había visto a través de la televisión o de los periódicos o por los relatos de otras personas. No me costó demasiado acostumbrarme a las escenas criminales; a la segunda semana de estar ahí ya los cuerpos mutilados o con orificios de bala en la cabeza o atados de pies y manos dentro de costales ya no me afectaban como al principio. Fui tomando conciencia de algo alarmante: la sociedad hondureña se está acostumbrando a la violencia y está perdiendo su capacidad de asombro ante la muerte diaria; eso fue lo que me sucedió a mí y lo que me motivó a escribir Los días y los muertos.

Para leer la entrevista completa, sigan este enlace: “Honduras es un país hundido en el delito”.

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