Después de una pausa que duró tres meses, he vuelto hoy a mi columna Lo demás es ficción, de Literofilia, con un artículo en el que, además de maldecir, hablo sobre política, religión y medios de comunicación, o sea: sobre la estupidez humana versión Honduras:

Uno despierta un domingo y al asomarse al mundo lo primero que podría hacer es maldecir. Bastaría con empezar a escuchar las sofisticadas notas del reguetón de los vecinos. O enterarse por Twitter del nuevo aumento a la gasolina a partir del lunes. O recordar ahí mismo que los recibos de la energía están llegando doble y que el segundo, además, trae duplicado su valor. Bastaría con recordar que esto es Honduras y que ese nombre es suficiente indicio de lo que nos sucede. Y de lo que nos espera. Pero no, uno no puede maldecir un domingo. Es pecado. En realidad, uno no puede maldecir aquí ningún día de la semana, no porque alguna ley lo prohíba (aunque no descartemos que llegue a suceder) sino simplemente porque da la impresión de que aquí no pasa nada, de que estamos en el mundo feliz, de que hay que darle gracias a Dios por todo.

Si quieren leer completo el artículo, sólo tienen que irse por aquí: Lo demás es ficción/Literofilia.

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